window.arcIdentityApiOrigin = "https://publicapi.elpais.informativomineiro.com";window.arcSalesApiOrigin = "https://publicapi.elpais.informativomineiro.com";window.arcUrl = "/subscriptions";if (false || window.location.pathname.indexOf('/pf/') === 0) { window.arcUrl = "/pf" + window.arcUrl + "?_website=el-pais"; }El rodaje del Popeye de Robin Williams en el que la cocaína salía hasta por los ‘walkie-talkie’: “No podías escapar de ello” | Gente | EL PAÍSp{margin:0 0 2rem var(--grid-8-1-column-content-gap)}}@media (min-width: 1310px){.x-f .x_w,.tpl-noads .x .x_w{padding-left:3.4375rem;padding-right:3.4375rem}}@media (min-width: 89.9375em){.a .a_e-o .a_e_m .a_e_m .a_m_w,.a .a_e-r .a_e_m .a_e_m .a_m_w{margin:0 auto}}@media (max-width: 35.98em){._g-xs-none{display:block}.cg_f time .x_e_s:last-child{display:none}.scr-hdr__team.is-local .scr-hdr__team__wr{align-items:flex-start}.scr-hdr__team.is-visitor .scr-hdr__team__wr{align-items:flex-end}.scr-hdr__scr.is-ingame .scr-hdr__info:before{content:"";display:block;width:.75rem;height:.3125rem;background:#111;position:absolute;top:30px}}@media (max-width: 47.98em){.btn-xs{padding:.125rem .5rem .0625rem}.x .btn-u{border-radius:100%;width:2rem;height:2rem}.x-nf.x-p .ep_l{grid-column:2/4}.x-nf.x-p .x_u{grid-column:4/5}.tpl-h-el-pais .btn-xpr{display:inline-flex}.tpl-h-el-pais .btn-xpr+a{display:none}.tpl-h-el-pais .x-nf.x-p .x_ep{display:flex}.tpl-h-el-pais .x-nf.x-p .x_u .btn-2{display:inline-flex}.tpl-ad-bd{margin-left:.625rem;margin-right:.625rem}.tpl-ad-bd .ad-nstd-bd{height:3.125rem;background:#fff}.tpl-ad-bd ._g-o{padding-left:.625rem;padding-right:.625rem}.a_k_tp_b{position:relative}.a_k_tp_b:hover:before{background-color:#fff;content:"\a0";display:block;height:1.0625rem;position:absolute;top:1.375rem;transform:rotate(128deg) skew(-15deg);width:.9375rem;box-shadow:-2px 2px 2px #00000017;border-radius:.125rem;z-index:10}} Ir al contenido
_
_
_
_

El rodaje del Popeye de Robin Williams en el que la cocaína salía hasta por los ‘walkie-talkie’: “No podías escapar de ello”

La comedia familiar sobre las aventuras del marino de 1980 fue un festival de polvo blanco fuera de cámaras, según han relatado varios testigos que aseguran que la mercancía llegaba desde Los Ángeles al ‘set’ de Malta en maletas y latas de película

Popeye Robin Williams
Ixone Arana

Popeye se ha sumado este año a la lista de personajes que pasan a ser de dominio público. Desde enero de 2025, su imagen se puede usar en material audiovisual sin estar sujeta a leyes de propiedad intelectual y, como ya pasó en años anteriores con las primeras versiones de Winnieh the Pooh y Mickey Mouse, esta oportunidad se ha aprovechado rápidamente para hacer no una, sino dos películas de terror basadas en el marinero. En Popeye the Slayer Man, un grupo de amigos se cuela en una fábrica de espinacas abandonada para investigar la leyenda del Hombre Marinero, del que se dice que ronda la fábrica y los muelles locales. En Popeye’s Revenge, unos monitores se enfrentan a una leyenda urbana sobre Popeye mientras se preparan para abrir un campamento de verano. Pero por mucho que se esfuercen, estos nuevos slasher no pueden competir con la involuntariamente inquietante Popeye de 1980, película protagonizada por Robin Williams y Shelley Duvall.

“El rey del cómic ahora en carne, hueso... y espinacas”, se lee en el cartel de la película dirigida por Robert Altman, pensada como una comedia musical para todos los públicos. Sin embargo, si en la ficción el marino engullía botes de espinacas de una sentada porque le concedían fuerza y velocidad sobrehumanas, de lo que se daba atracones, el Popeye de Robin Williams era de cocaína. Y el resultado terminó siendo un ejemplo más de cómo el éxito en el Hollywood de los años ochenta iba muchas veces marcado por los excesos y las adicciones. “No podías escapar de ello [de la cocaína]”, ha asegurado el entonces director ejecutivo de Paramount Pictures, el magnate Barry Diller, en una reciente entrevista con el periodista Anderson Cooper.

La excéntrica película se rodó en Malta, en la bahía de Ancla, donde se construyó el pueblo de Sweethaven, un escenario ficticio que ha pasado a convertirse en una atracción turística. Las latas de película se enviaban diariamente desde allí hasta Los Ángeles (California) para revelar la cinta, según ha explicado Diller: “Descubrimos que, en realidad, se usaban para enviar cocaína de ida y vuelta al set. Todos estaban drogados”.

Fotograma de la película de 'Popeye' de 1980.

El magnate de los medios de comunicación estadounidenses, actual presidente de IAC/InterActiveCorp y fundador de Fox Broadcasting Company, ha confesado durante la charla con Cooper que los efectos de ese festival de polvo blanco durante el rodaje fueron evidentes en el resultado final que llegó a las pantallas de cine, donde los espectadores pudieron apreciar un ritmo más agitado de lo habitual en la historia. “Piensen en la velocidad de los discos de vinilo”, dijo al público asistente al encuentro celebrado en el centro cultural 92NY. “Si 33 revoluciones por minuto es la velocidad estándar para reproducir un LP en un tocadiscos, esta es una película que se reproduce a 78 revoluciones por minuto”, les contó.

Popeye fue el debut cinematográfico de Robin Williams, que aceptó el papel después de que la primera opción, Dustin Hoffman, lo rechazara por disputas con el guionista. Williams era ya una estrella de la televisión gracias a su papel en la comedia de situación Mork & Mindy, pero para entonces también había entrado de lleno en el abuso de las drogas y el alcohol, como él mismo contó en múltiples ocasiones. “La cocaína se convirtió en mi escondite. La mayor parte de la gente busca en la cocaína un subidón. En mi caso, me echaba el freno”, itió en una entrevista con People en 1988. El director de Mork & Mindy, Howard Storm, también habló de la dependencia del actor a las drogas durante los rodajes. “No dormía en toda la noche. Esnifaba coca, y si esnifas coca, para rebajar bebes alcohol. Se pasaba la noche fuera y se tiraba a toda la ciudad”, recordó. En julio de 2014, un mes antes de ser hallado muerto en su casa, Williams, por entonces enfermo de demencia, ingresó en un centro de desintoxicación para centrarse en la sobriedad que llevaba décadas buscando.

Robin Williams haciendo de Popeye en 1980.

En el rodaje de Popeye no fue Williams el que más llamó la atención por sus problemas con las drogas. En 2020, el compositor Van Dyke Parks, que además de ser uno de los encargados de la banda sonora apareció en la película interpretando a un pianista, dijo a The Telegraph que el famoso productor Robert Evans —produjo clásicos como Chinatown o El Padrino― casi provocó un incidente diplomático cuando su equipaje, cargado de cocaína, desapareció en el aeropuerto. De hecho, fue detenido por tráfico de cocaína mientras la película estaba en posproducción, pero más tarde eliminaron los cargos de su historial. “Seré conocido como Bob Cocaína Evans hasta la tumba”, dijo en una entrevista en 1994.

Dyke Parks también recordó que el set estaba lleno de drogas escondidas que iban apareciendo por sorpresa en cualquier momento, como si fuera una búsqueda del tesoro. “Fui el héroe del regimiento por abrir un walkie-talkie para cambiar la batería y encontrar una bolsa de cocaína. No recuerdo cuánta había ni a quién se la di, pero recuerdo que me sentí incómodo, porque sabía que influiría en el comportamiento de la gente y en las dificultades de la producción, desde los de abajo hasta los puestos más altos”, confesó.

Robin Williams and Shelley Duvall

La película siempre ha sido considerada un fracaso, no tanto por la recaudación en taquilla ―de unos 60 millones de dólares, habiendo costado 20—, sino porque no le gustó ni al público ni a la crítica, y tampoco a sus protagonistas ni a los altos directivos de Paramount y Walt Disney Productions que la hicieron posible. Un día después del estreno de Popeye, el 19 de diciembre de 1980, llegó a los cines El resplandor, donde Shelley Duvall hizo un papel por el que sería mucho más recordada que por el de Olivia. A Williams tampoco le faltaron los trabajos con los que dejar atrás aquel extraño Popeye y pasar a ser recordado como el profesor Keating de El club de los poetas muertos o la Señora Doubtfire.

Poco después del estreno de Popeye, la trágica pérdida de su amigo John Belushi, que murió por sobredosis de cocaína y heroína en 1982, fue el desencadenante para que Williams decidiera cambiar de vida. “Su muerte asustó a todo un grupo de gente del mundo del espectáculo y provocó un gran éxodo de las drogas. Y a mí me llegó el bebé [su primogénito, Zachary Pym, nacido en abril de 1983, fruto de su matrimonio con Valerie Velardi, que también salía en Popeye]. Sabía que no podía ser padre y llevar ese tipo de vida”, contó años después. Logró su objetivo durante décadas, pero tuvo varias recaídas, la última poco antes de morir, en 2014, cuando volvió a recurrir a ayuda profesional. En la autopsia no se encontraron restos de drogas ni alcohol.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad , así podrás añadir otro . Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Ixone Arana
Es redactora de Estilo de Vida. Antes de incorporarse a EL PAÍS, donde también ha escrito para la sección de Madrid, trabajó en 'Cinco Días', principalmente en la sección de Fortuna. Graduada en Periodismo por la Universidad del País Vasco y Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_